jueves, 2 de mayo de 2013

El libro de recetas que NO conseguí escribir

Hoy me he puesto a cambiar los enlaces del blog hacia el nuevo libro, para que compréis mucho y yo me pueda ir a mi casa en la playa (Podéis leer el principio aquí donde pone: Échale un vistazo). Al ir a nombrar la pestaña, he escrito “El otro libro” y he sentido pena por este libro un poco segundón. Me lo he pasado bien escribiéndolo pero no ha sido la locura como el primero, la novedad, los lloros que vertí cuando me llegó, el hipo, y ese nervio que me impidió dormir durante días.

Estoy haciendo mucha promo pero todavía Pedro Piqueras no lo ha mencionado (pobrecico mío), y en todas las entrevistas acabo hablando del anterior. Incluso en mi estantería, la edición de bolsillo y la traducción al portugués del primero, que me acaban de llegar, le han quitado cierto protagonismo al pobre.



Yo soy hermana mayor, y no sé por qué, me he puesto a pensar si con el segundo hijo pasa un poco como con el segundo libro. Le he llamado a mi hermana para que se sienta súper querida, celebrada y esperada. Me ha colgado algo aturdida después de preguntarme varias veces si estaba bien o había bebido.

Este pobrecico no tiene el efecto sorpresa del primero pero, de momento, me han hecho gracia los comentarios de los que lo han leído:

Una señora que me vino a entrevistar, experta en gastronomía me dijo:
- Te voy a decir la verdad, el prólogo me puso muy nerviosa, tanto decir que no sabes cocinar, lo único que pensaba es: ¡Que vaya alguien y le enseñe, por Dios! Pero luego me lo he pasado muy bien. No sé si habrás aprendido nada, pero es divertido.

Ata Arróspide, que también ha publicado un libro muy divertido con Planeta “Padres no ñoños”, me mandó un whatsApp:
- ¡Hostia la foto! (lo dijo él, mamá, no yo. Yo no digo esas palabras)
Porque otra cosa que me han dicho mucho es que salgo reguapa en la solapa. Ya sabéis eso tan motivador de “no pareces tú”. Se lo debo a Patricia Gallego, una compi fotógrafa de ELLE, con mucha paciencia para que yo me esté quieta.


Amaya Ascunce (Pongo mi nombre a ver si Google desposiciona todas mis fotos con cara de panoli y solo sale ésta. Sería todo un detalle Señor Google)
Mi prima Arantxa, que ha regalado a sus amigas el primero en todos los cumpleaños me ha dicho, primero, que le venía muy bien que sacara otro porque ya había cubierto un año entero. Y segundo: que le ha sabido a poco. Que se ha reído mucho pero que me ha quedado cortico, que ella necesita como 200 páginas más. Que me ponga a ello.

Mi editora, Ana Bustelo, dice que se va a vender menos que el primero, que le pasa a Zafón y a mí. Esto me dejó callada y pensé si mi editora había bebido, pero luego comentó que es más libro que el primero, y me sentí como más escritora o algo así.

Un chico que no conozco de nada ha escrito una crítica en la que dice:
“Básicamente, quienes busquen un tratado metafísico sobre la vida no disfrutarán especialmente este libro. Pero ni falta que le hace. No pretende nada más que resultar divertido, y esa falta de pretensiones se agradece”.
Y luego dice:
“Aunque parezca increíble, ‘En la cocina con la drama mamá’ también enseña a preparar platos muy variados [...] Lo mejor, el capítulo del gazpacho malagueño. Una advertencia: mejor no ponerse con él en el metro, pues da pie a las carcajadas, y los viajeros de alrededor podrían mirar al lector como si estuviera loco”.
El “increíble” ese me dolió un poco, para qué negarlo. Pero oye, el resto de la crítica me encantó. Y no somos amigos ni nada.

Otro periodista me dijo que no era un libro de cocina. Yo le contesté que por eso se subtitulaba “El libro de recetas que NO conseguí escribir”. Él no lo entendió. Yo sonreí mucho muchísimo porque se me quedó mirando fijamente como si yo fuera marciana. Me pareció un buen momento para parar la ronda de entrevistas y bajar a por un vino.

Mi madre dijo que se lee demasiado rápido y que a ver si soy más reposada, que se me había olvidado poner que la mezcla de los pimientos rellenos hay que mezclarla. Le dije que si no le parecía suficiente pista llamarlo mezcla, que cómo pensaba que iba a meter la gente ese relleno dentro del pimiento sin revolverlo, y me dijo que si eran como yo, que cualquier sabe. También sugirió que deje de escribir “coños” sin ninguna necesidad, que no vienen a cuento, pero que era mejor que el primero, aunque para nada era un libro de cocina.

Está claro que nadie lee los subtítulos, ni mi madre.

PD. Ayer me invitaron al programa de La ventana de La Cadena Ser y ¿sabéis qué me regalaron? Una caja entera de regaliz negro. En este momento me duele la barriga porque me he metido un atracón fino, pero ¡qué gente más maja! Y me pusieron One de Johnny Cash para terminar. Vuelvo cuando quieran a pesar de los nervios. Aquí la entrevista completa.

Y gracias por vuestras preguntas en El Mundo.es, me hicieron gracia porque eran completamente distintas a todas las que me han hecho los periodistas estos días. Sí, ninguno me ha preguntado si de verdad mi madre me puso las lentejas en bocadillo, ni si he aprendido a cocinar vainas.